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sábado, abril 14, 2018

La Grotta del Cane, la extraña cueva que odia a los perros

Lago Agnano y la Grota del Cane
Lago Agnano y la Grota del Cane
Si alguien le dice que hay una cueva en la cual todo perro que entra muere, pero en la que las personas pueden pasear tranquilamente todo el tiempo que quieran y sin ningún problema, como mínimo dudará de la veracidad de la información, habida cuenta que no es muy normal tal fenómeno de "racismo" ejercido por una simple gruta. No obstante, la cueva es totalmente real... para desgracia de la raza canina.

Vista del perfil de la Grotta del Cane
Vista del perfil de la Grotta del Cane
La llamada "Grotta del Cane" (Cueva del Perro), se encuentra en Nápoles (Italia) en Agnano, a unos 5 kms al oeste de la ciudad. Esta zona destaca desde la antigüedad por una gran actividad termal relacionada con los fenómenos magmáticos que mantienen en activo al Vesubio, el cual se halla a unos escasos 20 kms (ver Cave Canem o la historia de un galgo muy señoritingo). Esta gruta, en realidad se trata de una cavidad artificial excavada en material volcánico de unos 3 metros de alto, 1'5 m de ancho, y que después de un tramo de escalera de unos 4 metros, acaba en una zona semicircular. Se ignora cuando fue construida, ni cual fue su finalidad, pero era conocida desde la antigüedad y ya fue citada por Plinio el Viejo en el siglo I d.C y, posteriormente, por autores tan afamados como Goethe y Alejandro Dumas que explicaban el curioso fenómeno que, casi por brujería, mataba a todo perro que allí entrara.

Interior de la cueva
Interior de la cueva
La realidad es que en esta pequeña cavidad se producen emisiones de vapor de agua mezclado con gases carbónicos (CO2). El dióxido de carbono, al ser más pesado que el aire, se deposita en el suelo de la cueva creando una capa de entre 50 y 70 cms, netamente diferenciada del resto del aire de la cueva, permitiendo respirar perfectamente a quien se encuentre por encima de este nivel, y asfixiando a todo bicho viviente que se encuentre por debajo (ver Lago Albano: ingeniería romana para drenar un volcán). Los perros, por tanto, no pueden visitarla. Sin embargo, el origen del nombre de la gruta es otro.

Se necesitan bombonas
Se necesitan bombonas
Desde el siglo XVIII y hasta la mitad del siglo XX, para mostrar el fenómeno a los turistas que allí se acercaban, los guías no tenían una mejor ocurrencia que llevarse un perro a visitarla. El pobre animal, después de un rato en la mortífera capa (máximo 3 minutos) se asfixiaba, sacaba espumarajos por la boca y llegaba a convulsionar hasta prácticamente quedar muerto. En ese momento, ante la expectación de los visitantes que no notaban nada de extraordinario más que el calor que desprende la cueva, el guía cogía al perro, lo sacaba al exterior y lo lanzaba de cabeza a un lago que estaba en las inmediaciones -el lago Agnano, en la actualidad desecado.

El perro, debido al shock térmico que le producía el contraste del aire caliente del interior de la gruta con la temperatura del agua del lago, a los pocos minutos volvía a estar vivito y coleando. Obvia decir que no todos los intentos de "resurrección" funcionaban, al haber alargado demasiado la exposición del pobre animal a la capa carbónica, y algunos perros, resabiados, cuando veían a donde se les llevaba salían corriendo para evitar el macabro espectáculo que sabían iban a representar. Esta barbaridad reiterada durante siglos fue lo que dio el nombre -y el renombre- a la gruta.

Los perros resucitaban... o no.
Los perros resucitaban... o no.
La Grotta del Cane se mantuvo cerrada al público durante más de 30 años, y no fue hasta el año 2001 en que se reabrió aprovechando una rehabilitación general de la zona y de unas termas romanas próximas. En la actualidad, la visita de esta curiosidad natural se hace por encargo y ya no se utilizan perros cruelmente para el regocijo de los turistas. Ahora se utilizan antorchas encendidas que se apagan cuando entran en contacto con el dióxido de carbono debido a la falta de oxígeno que mantenga la combustión. A pesar de ello, los perros siguen sin querer acercarse a la gruta...

...por algo será.

Entrada de la gruta a principios del S. XX.
Entrada de la gruta a principios del S. XX.
Art. Rev. 15/11/10 16.24 898 v

lunes, abril 09, 2018

Puigcercós, el corrimiento de tierras que partió la iglesia por medio

Desprendimiento de Puigcercós
Desprendimiento de Puigcercós
El nombre de Puigcercós, aparte de hacer referencia al apellido de un ex-dirigente de Esquerra Republicana que en su momento estuvo muy en boga (ver Hostias, castigos y Mas), es muy probable que no suene prácticamente a nadie y, de hecho, si buscamos en Google, la práctica totalidad de entradas apuntan a este personaje mediático. Sea como sea, la historia que hoy les explico tiene a Puigcercós como protagonista pero, no se engañe, no me refiero al polémico político antes comentado, sino a un pequeño pueblo catalán tocayo suyo que se hizo famoso por padecer uno de los desprendimientos de tierras más brutales que se han producido en época histórica en Catalunya.

Actual pueblo de Puigcercós
Actual pueblo de Puigcercós
Puigcercós (pronúnciese "puchercós") es una minúscula población de profunda tradición agrícola con poco más de 50 habitantes, situado en la provincia de Lérida, en la comarca del Pallars Jussà, a unos cuatro kilómetros de la villa de Tremp, su capital. Este tranquilo pueblecito -típico ejemplo de los pueblos en los cuales nunca pasa nada, pero cuando pasa dan la campanada-  estaba ubicado en lo alto de una colina, mirador privilegiado sobre las tierras de la conocida Conca de Tremp (Cuenca de Tremp), a cuyo pie -a más o menos distancia- transcurría un pequeño torrente.

Esquema del corrimiento de tierras de Puigcercós
Esquema del movimiento
No fue hasta mayo del 1857 en que las pequeñas grietas que se habían detectado tiempo atrás en la parte oeste de la colina, a tocar del pueblo, dieron pie a un pequeño corrimiento. Este movimiento de masa, inquietó a los habitantes de Puigcercós, si bien prosiguieron su vida habitual.

Los extraños ruidos que sentían por la noche y el deslizamiento que se produjo en agosto del 1863, acabaron por acojonar a toda la población, la cual decidió cambiar la ubicación del pueblo, y moverse unos cuantos centenares de metros más lejos, cerca de la carretera, en el lugar donde hoy lo encontramos. Pero lo mejor estaba por llegar.

El día 13 de enero de 1881, y después de un periodo de fuertes lluvias, un formidable estruendo inundó toda la comarca y el aire se llenó de un fuerte olor a azufre. Ahora, allí donde antes estaba el pueblo viejo, se encontraba un acantilado de más de 50 metros de altura y de unos 250 metros de longitud que partía la antigua iglesia justo por la mitad. La colina se había venido abajo, llevándose consigo la mitad de las casas que aún existían pero, por suerte, deshabitadas.

Visión general del desprendimiento de Puigcercós
Conjunto del corrimiento
El derrumbe, propiciado por los estratos inclinados a favor de la pendiente, había producido un lóbulo que se desplazó más de 400 metros, obturando el fondo del barranco de L'Espona, el cual tuvo que encajarse encima del inmenso montón de derrubios que tapona el valle del torrente, desviándolo de su cauce habitual.

En la actualidad, la gran cicatriz que ha quedado en la zona -y de la cual aún se producen desprendimientos ocasionales- es visita obligada de los geólogos que estudian este tipo de movimientos terrestres (ver Vajont, crónica de una tragedia anunciada), ya que es un ejemplo de libro de lo que es un desprendimiento con movimiento rotacional.

Detalle de la cicatriz de coronación del corrimiento de Puigcercós
Detalle de la cicatriz de coronación
La suerte hizo que los habitantes abandonaran el antiguo pueblo y se pusieran en un sitio a salvo. Eran otros tiempos, menos urbanos y con más contacto con el medio ambiente, y supieron entender a la perfección los avisos que les dio la propia montaña. Un ejemplo más del respeto que debemos tener a la naturaleza y un argumento más para estrechar nuestro contacto con una naturaleza que cada vez parece encontrarse más lejos de nuestra realidad.


La iglesia de Puigcercós Vell se partió por medio

Art. Rev. 16/11/10 23.29 335 v

Webgrafía

sábado, abril 07, 2018

Tristan da Cunha: La isla donde Cristo perdió la zapatilla

La isla habitada más remota
La isla habitada más remota
Si usted está hasta el moño de los políticos y de todo el follón que tienen liado por estos lares, siempre puede dejarlo todo e irse a la isla de Tristán de Acuña durante una temporadita. Dado el caso que no conozca esta isla, simplemente tengo que decirle que es el sitio habitado más aislado del mundo; posiblemente le sea de interés para poder irse a pasar unos días y desconectar de tanto sátrapa, vividor y chupóptero suelto.

Tristán de Acuña
Tristán de Acuña, con 98 km2 -Barcelona ciudad tiene poco más de 100- es la isla mayor de un archipiélago volcánico que se encuentra en medio del Atlántico Sur. Fue descubierta por el portugués Tristão da Cunha en 1506 pero pertenece a Gran Bretaña desde 1816 (quien la rebautizó con su nombre oficial de Tristan da Cunha), y su aislamiento seguro que será la envidia de más de uno. Y es que sus cifras son, simplemente, tremendas.

Para empezar, la población estable es de unos 264 habitantes, es decir, de 2,69 habitantes por kilómetro cuadrado, y es tan endogámica la población, que tan solo existen 8 apellidos (ver ¿Sabes determinar tus 8 apellidos?). La última introducción de un apellido fue no hace mucho en que una tristanera se casó con un inglés y el novio se fue a vivir a la isla...aisss...¡lo que tiran las carretas!

El barco llega una vez al año
El barco llega una vez al año
Si usted se pelea con alguno de ellos, no se preocupe, tendrá muy fácil el perderlo de vista, a pesar de lo pequeño de la isla. Aunque claro, lo primero y principal es poder llegar a la isla, ya que solo se puede llegar por barco, porque no tiene sitio ni para poder ubicar un aeródromo.

Si a pesar de ello llega, y se pelea con alguno de sus escasos habitantes, no crea que va a tener tan fácil irse a una isla aún más aislada (ver Bouvet, donde aislamiento se escribe con mayúsculas), ya que el barco que hace la travesía habitual arriba una sola vez al año, el cual es el que trae, entre otras mercancías, también la gripe. Los habitantes, a pesar de ser británicos, no conocen la mayoría de enfermedades de por aquí, ya que su único contacto con el exterior es ese barco. Eso sí, puestos a aburrirse, esta gente le dan al "pitraque" de mala forma, ya que en 1993 se contó que consumían una media de 50 litros de whisky al año...¡per cápita! Las estadísticas de cirrosis no han trascendido, lo siento.

Isla Tristan da Cunha
Un punto en medio del océano
Si aún así desea irse, ha de saber que la tierra habitada más cercana se encuentra a 2.430 kms, en la isla de Santa Helena -donde metieron a Napoleón-, y si no es de su predilección y tiene cierta prisa, siempre puede empezar a nadar como un David Meca cualquiera y acercarse a las costas de Sudáfrica, que tan solo están a 2.816 kilómetros. Eso sí, si quiere ir a Sudamérica, le pillará un poco más lejos, a unos 3.360 kms de Tristán de Acuña.

Edimburgh of the Seven Seas
Edimburgh of the Seven Seas
Pero si usted gusta de las emociones fuertes, tranquilo, que la isla -lo más parecido a la isla de Lost que existe- ya se encarga ella sola de darle emoción a sus habitantes, ya que de vez en cuando, se pone a "eruptar" y obliga a todos los habitantes a salir disparados hacia la metrópoli, tal como pasó en 1961, en que la capital, la rimbombante Edimburgo de los Siete Mares (no es coña, se llama así) se vio afectada parcialmente  por las coladas volcánicas. Por si acaso, fueron repatriados todos a Inglaterra y se estuvieron un par de años, antes de volver a la isla, y cuando volvieron, los perros abandonados habían acabado con todas las ovejas y los piratas habían desvalijado algunas dependencias... lo normal, vaya.

En definitiva, que si tiene ganas de aislarse, haga una visita a Tristán de Acuña. Los ingleses la llaman Tristan da Cunha, pero más bien tendrían que llamarla "Donde Cristo perdió la Zapatilla y no fue a buscarla", le aseguro que no hay sitio en el planeta al cual le pegue más ese nombre.

Tristan da Cunha, la isla habitada más remota del mundo
Como para que, encima, pille un mal vecino.

Art. Rev. 22/11/10 23.58 296 v

viernes, abril 06, 2018

El Canal de la Infanta o la trascendencia histórica de un patrimonio olvidado

El Canal de la Infanta
El Canal de la Infanta
Que, hasta mediados del siglo XX, gran  parte del área metropolitana de Barcelona fuera eminentemente agrícola, con sus campos, sus agricultores con sombrero de paja y sus bestias tirando del arado es, para las nuevas generaciones, algo que está más cerca de las novelas de Harry Potter que de la realidad. Nada hay, en el continuo urbano desde Plaza España hasta el río Llobregat, que haga recordar a quién no lo haya vivido que toda aquella área era considerada la Huerta de Europa por la tremenda producción hortícola de sus tierras. Nada. De aquellos campos ya no queda nada, tragado por el asfalto de la gran ciudad, pero...¿sabía que hubo una infraestructura hidráulica sin la cual es muy posible que Barcelona no habría llegado a ser la megalópolis que es en la actualidad? Pues créaselo, porque usted puede estar paseando, sin saberlo, por encima suyo: me refiero al Canal de la Infanta.

Plano del delta del Llobregat (1899)
Plano del delta del Llobregat (1899)
El río Llobregat, en llegando a Sant Boi, se abre en un amplio abanico sedimentario que, ocupando el espacio entre Montjuïc y las estribaciones del Macizo de Garraf, es conocido como el Delta del Llobregat (ver El delta del Llobregat, una costa en retroceso). Este espacio, ocupado hoy por infinidad de grandes infraestructuras (aeropuerto, puerto, Zona Franca, trenes, autopistas...) pese a ser muy fértil debido a los ricos sedimentos aportados por el río, no estaba aprovechado por la agricultura, ya que si bien había buena tierra, no había forma de regarla en abundancia en cuanto te salías un poco de la orilla del Llobregat. De esta forma, gran parte del Delta lo formaban terrenos poco productivos (cultivo de secano) o directamente improductivos (zonas lagunares), por lo que, teniendo el agua tan cerca, era un pecado no repetir el ejemplo del exitoso Rec Comtal (ver El Rec Comtal, la olvidada relación íntima entre Barcelona y su medio ambiente). Así las cosas, en 1188, se empezó la construcción de un canal (el Rec Vell) que, llevando el agua desde El Papiol, y por la orilla izquierda, llevase agua de riego hasta Barcelona. La pena fue que llegó hasta Molins de Rei... y allí se quedó.

Casa de Comportes
Casa de Compuertas
La falta de financiación hicieron que esta primera intentona se frustrase, pero los terratenientes, viendo el negocio, no cejaron en el empeño de tener un canal de riego que proporcionase agua a manta para sus tierras. El hecho de que la construcción de canales fuese una exclusiva real no ponía fáciles las cosas, y pese a repetidos proyectos (1568, 1723, 1805...) no fue hasta 1816 cuando la presión de los interesados y aprovechando todo el follón después de la invasión napoleónica, consiguió que Fernando VII se decidiese a eliminar la prerrogativa real de poder hacer canales. Así las cosas, se pusieron manos a la obra deprisa y corriendo (no fuera el caso que se desdijese) y, pagándolo del bolsillo de los futuros regantes, entre 1817 y 1819, se construyó un canal que, inaugurado el 21 de mayo de 1819 por la infanta Luisa Carlota de Borbón -que casualmente pasaba por allí- daba servicio a más de 4.500 hectáreas de la orilla izquierda del río Llobregat.

Luisa Carlota de Borbón
Luisa Carlota de Borbón
El canal que, debido a las prisas por su entrada en funcionamiento, se terminó efectivamente en 1820, recibió el rimbombante nombre oficial de Real Canal de la Serenísima Infanta Doña Luisa Carlota de Borbón (el Canal de la Infanta, para los más allegados, vamos). La realidad es que tenía que llamarse "Canal de Castaños", en honor de Francisco Javier Castaños, Capitán General de Catalunya y principal valedor del canal, pero siempre resulta más mediático y glamuroso ligar tu imagen a la realeza. Por postureo, que no quedase.

Canal de la Infanta en St. Feliu
Canal de la Infanta en St. Feliu
De esta forma, el Canal de la Infanta, con 17.420 m de longitud, una anchura de entre 4 m (al principio) y 2 m (hacia el final), una profundidad media de 1,5 m y un caudal de 4.700 l/seg iniciaba su recorrido en la Historia. Un recorrido que, partiendo desde la Casa de Comportes de Molins de Rei -punto donde comenzaba la concesión al tomar el agua excedente del antiguo Rec Vell-, y enganchado a los contrafuertes de Collserola, atravesaba Molins de Rei en dirección río abajo y paralelo al que hoy en día es la vía del tren.

Mapa del Canal de la Infanta (1908)
Mapa del Canal de la Infanta (1908)
A partir de aquí, el canal entraba en el antiguo término municipal de Santa Creu d'Olorda (absorbido en 1916 por Molins), pasando por Sant Feliu de Llobregat, Sant Joan Despí, hasta llegar a Cornellà de Llobregat. En este punto, siempre enganchado al talud entre Collserola y el delta, el canal giraba hacia el noreste, entrando en L'Hospitalet de Llobregat, donde trazaba recto hasta el municipio de Sants (absorbido en 1897 por Barcelona) y donde volvía a girar  para, atravesando la actual Gran Vía a la altura del edificio de La Campana, bordear la montaña de Montjuïc hasta llegar al Cementerio de Barcelona. El canal, sobrepasando este punto, giraba y seguía unos metros hasta su desembocadura a pies del Faro de Montjuïc, en la zona conocida como El Morrot.

Acequia del Canal de la Infanta a su paso por L'Hospitalet (1971)
Acequia por L'Hospitalet (1971)
El canal fue un éxito desde el primer momento. Las tierras que hasta aquel momento, lo máximo que daban era para cereal, viña o legumbres, pasaron a poder disponer de agua suficiente para poder hacer una agricultura hortícola de mercado y no solo de subsistencia. Ello significó el aumento de los cultivos  de los beneficios y la transformación de todo el delta izquierdo en un auténtico vergel -la calidad del suelo era tal que se podían extraer hasta cuatro cosechas al año. Obvia decir que, el aumento de la riqueza agrícola necesitaba cada vez más mano de obra para su mantenimiento y desarrollo, traduciéndose en un aumento disparado de las poblaciones por donde pasaba. No en vano, en 1855, los terrateniente de la orilla derecha, viendo el rotundo éxito de sus homólogos de la orilla izquierda, construyeron el Canal de la Dreta (la envidia, ese gran motor de progreso...).  Pero no solo la agricultura se benefició.

Regando los pies de Montjuïc (1906)
Regando los pies de Montjuïc (1906)
Efectivamente, el canal salvaba la diferente altura entre la cota de inicio (22 m) y la final (0 m, nivel del mar) con una serie de saltos que ocuparon molinos harineros, de papel o industrias textiles. Estas actividades utilizaban la fuerza del agua para mover los telares y las piedras de molino, por lo que, alrededor de estos saltos se fueron formando pequeños núcleos industriales que fueron aumentando en importancia conforme que iba aumentando la población gracias a la agricultura. L'Hospitalet pasó de 900 habitantes en 1820 a casi 5.000 hacia el 1900. Y no paró aquí.


Bombardeos de Barcelona (1938)
Bombardeos de Barcelona (1938)
La neutralidad de España durante la 1ª Guerra Mundial (ver La Gripe Española, la mortífera historia de la peor epidemia de la Humanidad) hizo que el delta del Llobregat se hiciera de oro vendiendo sus productos a los contendientes. La "Huerta de Europa", como se le conocía, crecía a un ritmo desenfrenado, atrayendo cada vez más y más gente, tanto a Barcelona como a todos los pueblos regados con agua del Canal de la Infanta (L'Hospitalet pasó de 5.000 a tener 33.500 en 1930). Sin embargo, la Guerra Civil significó el desastre.

Bellvitge, y canal (años 70)
Bellvitge, y canal (años 70)
A partir de ese momento, todas las exportaciones colapsaron y la producción agrícola se centró en el mercado interno. El problema era que en el resto de España, la economía estaba destruida (ver La corrupta historia de los coches llamados "Gracias Manolo") por lo que el hecho de mantener una mínima capacidad productiva durante la posguerra hizo de efecto llamada a toda la gente, sobre todo de Andalucía y Extremadura, que se debatía entre la miseria, el hambre y la emigración. Los pueblos y ciudades del área de Barcelona comenzaron a crecer descontroladamente (factoría de la Seat, Bellvitge, Gornal...) a expensas de los mismos terrenos agrícolas que atraían la población, utilizando las acequias del canal como improvisadas cloacas dada la absoluta carencia de infraestructuras durante el franquismo.

Canal por St Joan Despí (años 80)
Canal por St Joan Despí (años 80)
El caos urbanístico durante los años 1960 en el área metropolitana, produjo la polución de los ríos y, entre ellos, el Llobregat se convirtió en poco menos que en una cloaca a cielo abierto. Las continuas paradas por episodios de contaminación de la central depuradora de Sant Joan Despí -de la cual se abastecía de agua potable a Barcelona- obligaron a las autoridades franquistas a desviar en  1968 los caudales de la Riera de Rubí y del río Anoia (más contaminados que el Llobregat) hacia el canal y así evitar que las aguas más sucias afectaran el suministro. El Canal de la Infanta, al coger este "agua" si o si (recordar que estábamos en plena dictadura), se convertía en un simple colector que apestaba por donde pasaba y cuya mierda licuada impedía totalmente la agricultura, llevando a que los agricultores dejaran sus explotaciones en beneficio de la especulación urbanística que, entonces igual que ahora, daba pingües beneficios.

Canal de la Infanta en activo
Un paisaje actual pero de otro tiempo
El canal, de esta forma ignominiosa e indolente, fue perdiendo su función original y, según aumentaron las reclamaciones vecinales por olores y molestias (utilizado como caballo de batalla contra el régimen), con la llegada de la Democracia fue desapareciendo tanto de la vista como de la memoria bajo el peso del cemento y el alquitrán de las ciudades que se iban conformando. Un patrimonio histórico, natural y humano de impresionante valor, de esta forma, se perdía ante la fuerza de la codicia, la desidia y la indiferencia de la gente que vivía a su alrededor.

Patrimonio prostituido
Hoy en día, el Canal de la Infanta ha desaparecido de muchos tramos -en Hospitalet pudo haberse preservado, pero no le dio la gana al consistorio (ver Ni historia, ni derecho a tenerla)- y en otros aún se mantiene en forma de cloaca o acequias relictas, pero hay un buen trozo en que todavía funciona. Son unas modestas 300 ha que aún son regadas con su agua y que permiten mantener a cielo abierto aún 1.500 metros de canalización original entre Molins de Rei y Sant Feliu, sin embargo el legado de esta infraestructura ahora olvidada lo envuelve todo. Las calles, los topónimos, la estructura de la ciudad, la red de alcantarillado... todo está influenciado por la existencia del Canal de la Infanta, un canal donde la gente se bañaba, pescaba, vivía y que, como reconoció el Parlament de Catalunya, merece el reconocimiento de todos ya que sin él nada sería lo mismo en este perdido rincón del planeta.

Canal de la Infanta aún activo en Molins de Rei
Canal de la Infanta aún activo en Molins de Rei

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miércoles, marzo 28, 2018

La orina, el repelente dentífrico "made in Hispania"

¡Cuñao, qué poco te has lavao!
Desde que el hombre aprendió a fabricar -y consumir- carbohidratos a cascoporro, es decir pastas, patatas, cereales y azúcares, la salud de la dentadura humana ha ido de mal en peor para alegría de las caras minutas de los dentistas. Los azúcares de la dieta, sobre todo los refinados, que tanto nos gustan pero que no existen en una dieta de productos frescos, ha hecho que las bacterias de la boca se multipliquen a toda castaña y se dediquen a dejar los dientes hechos una pena -los neanderthales, por ejemplo, prácticamente no sabían qué era la caries. Ante este inconveniente dietético -en el cual poco pensamos cuando estamos disfrutando de un brownie de chocolate-, si no queremos quedarnos con menos dientes que un oso hormiguero, no cabe más tutía que lavarse los dientes. Esto no es una moda nueva y ya era conocido en la península Ibérica antes de la conquista romana. No en vano aquellos antiguos hispanos ya tenían sus productos de higiene bucal, sobre todo uno que posiblemente le diera un poco de asquito utilizarlo hoy en día: orines fermentados.

Suministrando materia prima
¿Se imagina que cada vez que se levanta por la mañana y hace su "río" matinal, lo guarda en una tinaja, lo deja días y días hasta que fermente (¡ahí! ¡rico, rico y con fundamento!), y cuando va a lavarse los dientes, coja un vaso, se pegue un buen buchito y haga enjuagues con "eso" cual colutorio bucal al uso? Pues eso, que solo de pensarlo remueve las tripas hasta el duodeno, según cuentan las crónicas romanas (por ejemplo el historiador Estrabón y el poeta Catulo) parece que era una práctica habitual de "salud" buco-dental entre las tribus celtas e íberas autóctonas de Hispania, sobre todo de la cornisa cantábrica y de la mitad occidental de la Península. ¿Le resulta repelente? A ellos, visto lo visto, no tanto. 

Dentista romano
Sabido es que una de las obsesiones de la cultura romana era el culto al cuerpo que se mostraba en todo su esplendor en la gran profusión de baños y termas por todo el Imperio (ver Silvania, la santa que no se lavó jamás). Dentro de esta higiene general, la higiene dental no les era ajena y para mejorar la salud de sus dientes ya utilizaban chicles blanqueantes a base de látex de lentisco, cremas dentífricas hechas con caparazones de moluscos -abrasivas, claro-, mondadientes, colutorios contra la halitosis a base de vino y hierbas aromáticas y una gran variedad de otros productos más o menos efectivos. Y si pese a todo esto, la cosa fallaba y acababan por perder la dentadura (los cepillos de dientes son modernos, ellos se los limpiaban con los dedos o con fibras vegetales), los etruscos eran muy hábiles haciendo dentaduras postizas, con técnicas que, en algunos casos, no fueron superadas hasta la Edad Moderna. Como he dicho tantas veces, unos auténticos adelantados.

La orina de los celtíberos era valorada
A pesar de ya tener un buen vademécum de productos, trucos y pócimas para mantener los dientes más o menos decentes, los contactos con las tribus hispanas pusieron de moda entre las damas de alta alcurnia (que eran las que podían pagarlo), el hacer enjuagues con orina hispana fermentada. Una orina traída especialmente desde la Lusitania, ya que según se pensaba, la orina de aquella gente tan ruda de aquel extremo del Imperio era muy potente y era la mejor que había para blanquear los dientes. Como los pedidos tardaban varias semanas o meses en llegar a Roma, el tiempo que pasaba hacía que la orina celtíbera fermentase por el camino en sus ánforas de cerámica (ver La sorprendente montaña de ánforas llamada Monte Testaccio), llegando a la Ciudad Eterna en su punto justo de "sazón". Todo sea el decirlo, la costumbre de su uso dentífrico no era generalizada y había quien, con un alma más refinada, veía aquel tratamiento con mucho escepticismo y aún más asco. Con todo, el uso cotidiano de la orina entre los romanos no era desconocido. Reparos de metérsela en la boca, aparte.

Modelo de una fullonica de Pompeya
Efectivamente, la orina fermentada, además del uso relativamente anecdótico como dentífrico, se usaba de forma habitual y profusa en la Antigua Roma en tintorerías y en lavanderías (conocidas como "fullonicas") para lavar y blanquear la ropa. Ello era así dado que, al fermentar, el ácido úrico y la urea que van disueltas en ella se descomponen, obteniendo un líquido con una proporción muy alta de amoniaco. Amoniaco que era el principal ingrediente desinfectante y blanqueante tanto de dientes como de ropas y que era lo que realmente les era útil. Y tanta orina se necesitaba en aquellos procesos que las fullonicas se veían obligadas a recogerla de los aseos públicos en cantidades industriales. Detalle que hizo que el emperador Vespasiano -demostrando un agudo olfato comercial- decidiese imponer una tasa (la Vectigal Urinae) a los lavanderos por utilizar aquellos meados populares. Para compensar, algunas fullonicas instalaban retretes públicos a la entrada para recoger ellos mismos su "materia prima". Hecha la ley, hecha la trampa.

Letrinas públicas romanas
En definitiva, que los romanos, en un prodigio de aprovechamiento de los recursos a su disposición, eran capaces de, prescindiendo de cualquier tipo de prejuicio, reutilizar un producto absolutamente de desecho como eran los orines de la gente, ya fueran de la propia Roma o de cualquier parte del Imperio. Ahora que nos estamos comiendo el mundo como si fuera nuestro bol de palomitas particular, y que estamos dejando el planeta hecho un estercolero por todos lados (ver El dulce mar de La Falconera), bien haríamos de tomar ejemplo y reciclar nuestra basura al máximo posible. Tal vez no hace falta convertir nuestra propia orina en Licor del Polo u Oraldine como los romanos y los celtíberos, pero si seguimos con el actual ritmo de despilfarro de recursos naturales, no dude que tendremos que volver a ellos más pronto que tarde.

Y eso sí que dejará un mal sabor de boca.

¿Preparándose el dentífrico?

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viernes, marzo 23, 2018

El Rec Comtal, la olvidada relación íntima entre Barcelona y su medio ambiente

Rec Comtal en Vallbona
El agua, a pesar de ser un elemento clave para la vida, la verdad es que nunca ha sido demasiado valorado por el ser humano. Para comprobarlo, simplemente tiene que ir al río más cercano, coger un vaso de agua y bebérselo de un trago... si no tiene que salir disparado al primer centro médico por intoxicación por metales pesados o por unas cagaleras de la muerte, es usted un auténtico privilegiado. Así de sencillo es poder comprobar el nulo respeto que se le ha tenido a este recurso básico, en cualquier sitio en donde se acumule más de una docena de personas por kilómetro cuadrado. No obstante, todos los centros urbanos han necesitado disponer de un suministro de agua más o menos regular desde el principio de los tiempos, aunque muchas veces los equipamientos que la llevan hayan quedado obsoletos o hayan desaparecido con el tiempo. Barcelona no es una excepción y bajo su asfalto existe una infraestructura hidráulica, oculta y desconocida para el gran público que desde hace 1.000 años se ha demostrado vital para comprender la vida en el Llano de Barcelona: el Rec Comtal.

Recreación del acueducto romano
Aunque sea prácticamente imposible hacerse la idea viendo la gran ciudad en que se ha convertido, hasta el desarrollo del proyecto del Eixample (Ensanche) de Ildefons Cerdà en 1860, el Pla de Barcelona era un espacio agrícola que comunicaba la ciudad con los pocos pueblos que en él convivían. Espacio que, limitado por un lado por el río Besós y  por el otro por el Llobregat, se regaba con el agua de las escasas rieras que descendían de Collserola. Los romanos, lo sabían bien y, no en vano, su primera opción de colonización fue Badalona, cerca del Besós, pero las circunstancias históricas ligadas a su más fácil defensa, hicieron que Barcino se desarrollara y pasara a ser su plaza fuerte. Pero toda plaza fuerte necesita su aporte de agua fijo y si bien la ciudad disponía de pozos de buena calidad, no eran suficientes, por lo que se procedió a hacer un acueducto que, procedente del Besós llevara el agua a Barcelona. Una recreación de su entrada a la ciudad efectuada en 1958 se puede ver enganchada a la muralla romana en la plaza de la Catedral (Plaça Nova).

Pont de la Vaca (Vallbona)
Con la caída del Imperio Romano (ver Rómulo Augústulo, el último emperador romano) cayeron también todas sus infraestructuras fruto del desuso y de la falta de mantenimiento, entre ellas el acueducto de Barcelona. Sin embargo, durante la Alta Edad Media, el crecimiento de la población y de la actividad comercial alrededor de la ciudad necesitaba de agua para mover molinos harineros, de pólvora y de paños, por lo que hacia el siglo X-XI (no hay una fecha exacta) el conde Miró I de Barcelona -aunque hay quien lo atribuye a Ramón Berenguer I- decidió reconstruir, con una trayectoria adaptada al desarrollo de la ciudad del momento, el acueducto que habían construido los romanos y volver a llevar agua a Barcelona.

Curso del Rec Comtal
Así las cosas, aprovechando la toma de agua del acueducto romano ubicado en el término de Montcada i Reixac, se construyó un canal de 12 km que llevaba el agua desde una captación en el Besós hasta la Ciudad Condal, donde desembocaba en la playa a la altura de la actual Estación de Francia, en un momento en que la Barceloneta todavía no existía (ver Maians, una isla delante de Barcelona). De esta forma, resiguiendo las curvas de nivel y pasando por los entonces municipios independientes de Sant Andreu de Palomar y Sant Martí de Provençals, se daba servicio de riego y de tracción hidráulica a toda una serie de molinos ubicados en su trayecto, teniendo en cuenta que el uso de ésta agua era meramente comercial e industrial y no se contemplaba su uso como agua de boca. Un uso, el de agua potable, que no llegó hasta el año 1703.

La Casa de la Mina y el Reixegó
El Rec Comtal (Acequia Condal en castellano), que aún hoy está en funcionamiento, de esta manera partía de la Casa de la Mina, al pie del Turó de Montcada, por el punto conocido como "El Reixegó", recorriendo paralelo al Besós los barrios de Can Sant Joan y Vallbona, barrio donde se encuentran los últimos campos aún regados por agua del Rec Comtal y el punto actual de desembocadura en el río. A partir de aquí, la canalización está en desuso y su curso, desaparecido o enterrado según el tramo, bordea el barrio de Trinitat Vella y se interna en Sant Andreu paralelo a las vías del tren, dando forma a la estructura urbana del barrio: las calles Cinca y Segre resiguen su antiguo curso hasta llegar a la Sagrera.

Rec Comtal y la Monumental (1916)
Llegado este momento, el canal, zigzagueando por el interior de las manzanas de casas del Clot, algunas de las cuales aún mantienen fosilizados pequeños retazos de la antigua acequia, se dirige a la plaza de les Glòries, pasando por detrás de los antiguos terrenos de los Encantes Viejos y dejando la plaza de toros Monumental a la derecha, se dirige hacia el Arco de Triunfo. En este lugar, el Rec Comtal, siguiendo la calle Trafalgar, entraba en las murallas de Barcelona regando los huertos del antiguo convento de Sant Pere de les Puelles, resiguiendo el trazado de la actual calle del Rec Comtal hasta salir de la ciudad entre la actual Estación de Francia y los restos del Baluarte de Migdia, donde desembocaba al mar.

El Rec en el CC. El Born
El canal, con el devenir de los siglos y adaptándose a los avatares históricos de Barcelona y sus alrededores (no en vano dentro del Born hay un antiguo cauce del Rec Comtal, anulado con la construcción de la Ciudadela), se convirtió en una de las principales fuentes de riqueza del Llano de Barcelona. No obstante, la rápida expansión de la ciudad durante finales del siglo XIX, la desaparición de los campos, la creciente contaminación del agua y una epidemia de tifus el 1914 producida por filtraciones de aguas fecales en la acequia, provocaron su caída en desgracia y su desaparición de la memoria colectiva en muy poco tiempo. Algo parecido a lo que pasó a su "compañero" del Llobregat, el Canal de la Infanta (ver Amnesia).

Restos cerca de Arc de Triomf
En la actualidad el Rec Comtal, y gracias a la inestimable tarea de divulgación del amigo Enric H. March, está dejando de ser un auténtico desconocido para propios y extraños, para, con su reciente puesta en valor por parte de las autoridades barcelonesas, convertirse en un Patrimonio Histórico y Natural de incalculable valor. Un patrimonio que habla, voz en grito pero acallado por el peso del asfalto que lo cubre, de las relaciones íntimas de un territorio como Barcelona con su medio ambiente y su historia. Una historia que, mal que moleste a quien solo piensa en dinero, nos pertenece a todos y merece que no sea olvidada.

El Rec Comtal por la calle Cinca, en el barrio de Sant Andreu
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jueves, marzo 15, 2018

El susto del emperador Honorio por la caída de Roma, su gallina

Honorio y sus gallinas
Una de las acusaciones que más habitualmente se lanzan contra los políticos es que ellos viven en su mundo, alejándose de forma indecente de la realidad de la calle. Así, muchas veces, los capitostes y mandatarios varios parece que vivan en su Olimpo particular (con dietas, cafés y gintonics subvencionados), pasando como de la mierda de los padecimientos del pueblo llano. La mayoría de veces esta "desidia" es fruto de la especialización en el mundo político (el mundillo interno, más cercano, oculta el externo, siempre más lejano), pero no siempre es así. De hecho, ha habido (y hay) dirigentes a los que los asuntos de la res pública se la ha traído absolutamente al pairo. Tal fue el caso del emperador romano Honorio, el cual estaba preocupadísimo por la caída de Roma. El único inconveniente es que Roma, era su gallina.

División del Imperio Romano
A principios del siglo V dC, el Imperio Romano era un auténtico caos que poco tenía que ver con aquella potentísima potencia que se había enseñoreado de todo el contorno mediterráneo tres siglos atrás. El estancamiento de las fronteras en una economía que se basaba en la conquista y saqueo de nuevos territorios como forma de enriquecer el estado y la continua amenaza de los pueblos bárbaros que rodeaban el Imperio, hicieron que el poder político de Roma fuese cada día puesto en peligro. Dirigentes ineptos, corruptos y militares ambiciosos y oportunistas hicieron que la inestabilidad política fuera la norma. Y para acabar de liarla parda, el emperador Teodosio, al morir en 395, dividió el imperio entre sus dos hijos: para Arcadio, el mayor, con 17 años, la parte Oriental y para Honorio, el menor, con 9 años, el imperio de Occidente. Dos niños a dirigir el más vasto imperio del mundo conocido. Diversión asegurada.

El Emperador Honorio
Si bien en la parte oriental, Arcadio ya era mayorcete y daba un poco más de juego a su regente Rufino, en la occidental, Honorio era simplemente un polluelo que estaba a cargo del general de raíces vándalas Flavio Estilicón. Para la suerte de Honorio, Estilicón era un brillante militar que mantuvo a raya las invasiones bárbaras, dando hasta en el cielo del paladar al rey visigodo Alarico, que estaba emperrado en tomar el poder imperial con sus huestes bárbaras (lo derrota en 397, 402 y 403). Evidentemente la relevancia política de Honorio era prácticamente inexistente ya que el peso de la gestión del circo de tres pistas que era el Imperio Romano de Occidente, lo llevaba el muy válido Estilicón. Aún así, Estilicón se propuso darle una educación adecuada a su cargo, pero el mozuelo no era mucho de estudios (si hubiese pillado un móvil en aquel momento...) y se pasaba el día jugando con sus gallinas, a las que tenía por animales domésticos. No obstante esta apatía con los asuntos de estado, el joven no era refractario a la curia que se movía a su entorno.

Flavio Estilicón
Así las cosas, a cada victoria que conseguía Estilicón contra vándalos, ostrogodos y usurpadores varios, más iba creciendo la envidia entre los trepas que aspiraban a ocupar los más altos puestos de poder imperial. De este modo, en 408, Estilicón cae en desgracia ante los ojos de Honorio (ya con 21 años) al creerse las acusaciones de colaboracionismo con los bárbaros que vierten sus opositores sobre el general. Sus orígenes vándalos (su madre era romana, pero su padre era un militar vándalo) y su fe arriana, ayudaron a dar una (mala) explicación a sus pactos con las tribus bárbaras que asolaban los confines del Imperio y una excusa para quitárselo de en medio. Sin dudarlo mucho, Estilicón fue condenado a muerte el 22 de agosto de 408, junto a su hijo. Y es que, los caminos al poder, cuanto más limpios, mejor. No obstante, pronto se darían cuenta del error cometido.

El rey Alarico
Muerto Estilicón, Alarico se vio sin su principal oponente, por lo que, con sus tropas visigodas, atravesó la península itálica y puso en sitio a la mismísima Roma en septiembre de aquel mismo 408. El emperador Honorio, que tenía su sede imperial establecida en Ravena, una ciudad a 300 km al noreste de Roma fácilmente defendible por estar rodeada por lagunas, seguía enfrascado en su duro quehacer diario (ver El Oopu Alamoo, el pequeño titán que remonta cascadas de 300 m de altura) de juguetear y dar de comer a sus inefables gallinejas. Él estaba a salvo, por lo que las condiciones de vida de sus súbditos era lo que menos le preocupaba en aquellos momentos.

Alarico entra victorioso en Roma
Alarico, por su parte, intentaba hacerse con el poder, ya fuera apoyando a usurpadores o bien, intentando negociar con Honorio que se le nombrara jefe de los ejércitos imperiales, es decir magister militum. Ejércitos que, todo sea el decirlo, más que imperiales parecían el ejército de Pancho Villa, debido a que no había dinero, la mayoría eran de origen bárbaro y estaban divididos en facciones según su adscripción a uno u otro general con aspiraciones imperiales. Y como Honorio no cedía, los sitios a la Ciudad Eterna se sucedieron y, tanto va el cántaro a la fuente que, al final, gracias a una traición (ver Sancho II de Castilla, el rey que murió cagando), el 24 de agosto del 410 Roma cayó ante las huestes visigodas de Alarico, que la saquearon y destruyeron. Era la primera vez en 7 siglos que Roma era conquistada por un ejército extranjero, lo que significó un auténtico shock para la ciudadanía romana y el golpe de gracia para el prácticamente derrumbado Imperio Romano de Occidente.

Honorio (Laurens 1880)
Cuando llegaron las noticias a Ravena de que Roma había sido tomada por los bárbaros, Honorio exclamó apesadumbrado... "¿Pero cómo puede ser? ¡Si ahora mismo estaba entre mis pies!". Había creído que era una de las gallinas con las que jugaba, a la que -con recochineo, se supone- llamaba Roma, respirando tranquilo cuando le dijeron que no era su gallina, sino la ciudad. La típica reacción de un dirigente que se encuentra con el poder por simple derecho de sangre, preocupado profundamente por el bienestar de su gente, vamos.

El hecho, transcrito profusamente durante los siglos posteriores, se especula que -como tantas otras burradas atribuidas a poderosos y dirigentes políticos de todas las épocas- fuera una exageración de sus opositores. Con todo, el mal gobierno de Roma y el caos institucional y social ya no abandonaron la península Itálica hasta la caída final del Imperio (ver Rómulo Augústulo, el último emperador romano), quedando el asunto de Honorio y su gallina como el paradigma de la desidia, negligencia y desinterés de la clase política por los problemas reales de la gente una vez alcanzada su apoltronada y cómoda parcela de poder. 

Hoy día, las gallinas no se llaman Roma, sino Candy Crush.

Y, de mientras, el otro, jugando con sus gallinas

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