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miércoles, octubre 22, 2014

El alarmante caso de la matanza de clones ingleses

Ataque de escarabajos
Los árboles, además de ser los seres vivos más grandes (ver Hyperion, el ser vivo más alto del planeta)  y más longevos del planeta, imprimen, por su particular forma, un carácter propio a los paisajes en donde viven: las encinas de las dehesas extremeñas, los pinares mediterráneos, los olmos de las campiñas inglesas... bueno, estos últimos prácticamente son un recuerdo debido a la grafiosis, la enfermedad que ha acabado con 25 millones de olmos ingleses en poco tiempo. Esta brutal matanza de árboles, llamó la atención de los botánicos y, tras estudiar las causas, se encontraron con una sorpresa: todos los olmos de Inglaterra eran clones de un único individuo primigenio. ¿Qué había pasado aquí?

Típico olmo inglés
El Olmo inglés (Ulmus procera, o también llamado Ulmus minor y Ulmus campestris) era el amo indiscutible de los ondulados campos ingleses hasta finales de los años 60, en que una virulenta epidemia de grafiosis -enfermedad producida por un hongo y que es transmitida por un escarabajo- empezó a esquilmar todo olmo que se encontraba por delante. La grafiosis era tan agresiva que en 1990 prácticamente no había olmos en la Gran Bretaña y los que quedaban estaban en la parte norte de Escocia, en la Isla de Man, y en unos pocos sitios raramente privilegiados. Habían desaparecido 25 de los 30 millones de árboles adultos que habían. Nada lo del ojo y lo tenía en la mano.

Raro olmo inglés
Sea como fuere, el olmo inglés, a pesar de ser uno de los árboles más extendidos por las islas británicas, y creerse que era una especie aparte -de aquí los diferentes sinónimos- no se reproduce por semillas, sino que su forma de reproducción es eminentemente por estolones o chupones (ver Pando, el vivísimo árbol inmortal). Es decir, el árbol, al extender sus raíces conforme crece, genera brotes a partir de las raíces más superficiales, los cuales se desarrollan creando nuevos árboles adultos... para desgracia de las aceras de muchas ciudades y pueblos. Esta rentable forma de reproducción, junto a que durante siglos fue un árbol de moda en Inglaterra, explican el fenomenal éxito de un árbol que se sabe que no es autóctono, sino que fue importado por los romanos.

Olmos como espalderas de parras
Tras la invasión romana de la Gran Bretaña, uno de los cultivos que más éxito tuvieron fue el de la viña -obviamente para hacer vino. Para ello, los romanos utilizaban plantones de olmos como espalderas en las cuales hacer crecer las parras. El olmo soporta muy bien las podas (de hecho se usa como bonsái) por lo que se le puede dar prácticamente cualquier forma, convirtiéndolo en el compañero perfecto para las viñas y siendo introducido así desde Italia.

Escarabajos de la grafiosis
En 2004, se hicieron unas investigaciones a nivel europeo para ver la diversidad genética de los olmos y su resistencia a la grafiosis, hallando que ciertas poblaciones de Italia, de la costa mediterránea de Francia y del noroeste de la península ibérica estaban relacionadas con las poblaciones inglesas, pero que los olmos ingleses tenían todos la misma secuencia genética. Ello atestiguaba el origen común de dichos árboles.

Palacio Real y jardines de Aranjuez
Los científicos, atando cabos históricos, se dieron cuenta que en el siglo XVI, Felipe II había plantado olmos ingleses en los jardines del Palacio Real de Aranjuez, los cuales eran muy parecidos a los autóctonos. Lo más gracioso del caso es que los árboles británicos, que en su tierra jamás daban semillas, aquí empezaron a generar semillas fértiles como posesos, hibridándose con los autóctonos como si fueran nativos, y llamando la atención de los cronistas. Este detalle confirmó a los botánicos la pertenencia de todos los olmos a la misma especie.

La debilidad de ser clones
En definitiva, que el Ulmus procera británico, debido a la ayuda del hombre y su reproducción asexual, había sido capaz de prosperar durante 2.000 años en un sitio que no le era favorable, pero ello le produjo una seria desventaja cuando entró la grafiosis. En este caso, al no haber variabilidad genética, lo que mató al primer olmo inglés infectado, acabó con todos. Eran simples copias del primero y no había ninguno diferente a los demás que fuera más resistente.

Una razón más para estar en contra del racismo y la endogamia.


Preston Twins, los dos olmos más antiguos de Inglaterra, en constante peligro

Webgrafía

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado: muy interesante la información pero deberías hacer una corrección: donde dice "que los olmos ingleses tenían todos el mismo código genético." debería decir "que los olmos ingleses tenían todos el mismo genoma.". El código genético es "universal" es decir, es idéntico en todos los seres vivos ya que es la secuencia de bases nitrogenadas en los codones del ARN que permiten, al ser leídas, ir agregando los aminoácidos en la secuencia de construcción del polipéptido. En cambio, si dices genoma, estás hablando del conjunto de genes que posee un individuo particular, y a ésto es a lo que se refiere la información compartida. Saludos. Adriana

maría de los Angeles arancibia dijo...

Soy una amante de los árboles sin más estudios que el interés que se tiene en investigar lo que te hace feliz.
Creo que desde tiempos remotos hemos manipulado la naturaleza para beneficiarnos de ella.Siento que como humanos hemos perdido el respeto creyéndonos dueños de la Tierra. Asumo que gracias a ello ha florecido la agricultura que nos alimenta en mejores condiciones pero también me parece escuchar el grito del rosal ante la poda y me llena de alegría el abrazarme al tronco de un eucaliptus centenario.Tal vez sea demasiado silvestre pero la lluvia en las hojas es como música en mi alma y el viento doblando los maitenes me susurra palabras de aliento en un idioma vegetal.
Así como esos olmos de Inglaterra compartían su genoma y estuvieron indefensos ante el insecto enemigo,
deberíamos cuidar la manipulación que hacemos con nuestros propios genes para bien o para mal terminando con las raíces auténticas en el caso de los niños de probeta que añoran conocer a ese padre que fecundó un óvulo desde un refrigerador remoto.
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