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miércoles, marzo 05, 2014

El Faro de Buda o la crónica de la muerte de un delta

El Delta del Ebro
El problema de la explotación de los recursos hídricos está en el candelero día si y día también. La aprobación por decreto de los sucesivos Planes Hidrológicos que afectan las cuencas hidrográficas simplemente con la intención de aumentar el uso del agua circulante, pone en pie de guerra a todos los agentes sociales, en tanto y cuanto que los ríos son entes vivos y activos que se ven seriamente afectados en su funcionamiento. El ejemplo más claro es el caso del Delta del Ebro para el cual, la regulación a la baja de los caudales circulantes pone la supervivencia del delta en un serio peligro. Esto puede parecer una exageración fruto de la lucha política subyacente, pero si vemos la realidad de las cifras, tal vez la amenaza la estemos tomando demasiado a la ligera y todo.

Faro de Buda (circa 1900)
Cuando en 1864 se construyó el faro del Cabo de Tortosa (también llamado Faro de Buda), una de las principales preocupaciones era el hecho de que la costa avanzaba continuamente y el faro no se quedara demasiado rápidamente tierra adentro. La gente hacía excursiones al faro de 50 metros de altura -el más alto del mundo de la época- y comía y se divertía a sus pies, con un mar que no quedaba exactamente cerca. Pues bien, fíjese como han llegado a cambiar las cosas que si usted quiere llegar al actual emplazamiento del faro de Buda, tendrá que nadar (si, si, nadar) la friolera de 3704 metros mar adentro desde la costa más cercana.

Desembocadura actual
Por si no le parece mucho, imagínese lo que es nadar una distancia semejante a la que separa la Plaza de España de Barcelona de la Plaza de Tetúan. Pues bien... eso es lo que ha retrocedido el frente de costa del delta del Ebro en menos de 150 años. Aunque, para ser exactos, semejante ritmo de destrucción del delta no empezó entonces, sino mucho más tarde.

Cabo de Tortosa (1918)
Durante el primer tercio del siglo XX, la electrificación creciente de las ciudades y sus servicios asociados hicieron fijarse en los importantes cursos de agua provenientes del Pirineo. Ello provocó la construcción de diversos pantanos en la cuenca del Segre, Noguera Pallaresa y Noguera Ribagorzana que significaron un primer gran problema para el delta, al ser estos ríos tributarios del Ebro.

Presa de Mequinenza
Estos embalses (Sant Antoni, 1916; Camarasa, 1920; Terradets, 1935 o Flix -en el cauce del Ebro-, 1948) hicieron disminuir tanto el caudal como la carga sedimentaria que el Ebro desembocaba al Mediterráneo, lo cual se tradujo en que el faro del Cabo de Tortosa, comenzara a sufrir los embates del mar en sus propios cimientos en 1949. El gobierno, enterado del problema se plantea substituirlo pero, sea como fuere, aún el Ebro era capaz de mantener el tipo. Todo iba a cambiar dramáticamente a partir de
finales de los 50.

Desembocadura (1956)
A mediados de los años 50, las necesidades de energía hidroeléctrica se disparan, lo que lleva a un aprovechamiento extremo de esta fuente de energía. Los planes franquistas de explotación de los cursos de agua subsidiarios del Ebro, y el mismo Ebro en sí, se multiplican y en menos de 20 años se construyen un centenar de embalses a cual más grande y potente. De esta forma, pantanos como los de Escales (1955), Canelles (1960),  Santa Ana (1961), Mequinenza (1966) o Riba-Roja (1969), fueron torpedos directos a la linea de flotación del Delta del Ebro.
Faro de Buda (c. 1940)

Debido a la falta de caudal, al control de las avenidas y a la falta de sedimento transportado por el río, el frente del delta empezó a retroceder a pasos agigantados, o lo que es lo mismo, a la escalofriante velocidad de 39 metros al año, lo que conlleva la destrucción en la Nochebuena de 1961 del Faro de Buda debido a un temporal después de casi 100 años en el sitio. Su repuesto, pese a las defensas construidas, cayó también en 1965. La zona se había convertido en mar abierto.

Cabo de Tortosa (1984)
El caudal del Ebro había bajado desde los 18.286 hm3 anuales en los 60, a los 8.253 hm3 anuales en los 90, lo cual significa que prácticamente no llega sedimentos al mar. De hecho, sedimentos si que llegan, pero los más finos, los que son fácilmente transportables por la débil corriente del río, pero que no son depositados porque el agua del mar los mantiene en suspensión. La arena, la que por ser suficientemente grande puede depositarse, no se moviliza debido a que el Ebro no alcanza el mínimo de caudal de 400 m3/seg que necesita para moverla impidiendo un equilibrio en su frente costero.

Desembocadura (1995)
El frente, aún a día de hoy, retrocede a una velocidad de 20 m/anuales, y si bien es cierto que ciertas partes avanzan, el delta no crece, simplemente las arenas depositadas hace siglos en el frente se reubican debido a la fuerza del mar. Solo así se entiende que el faro del Cabo de Tortosa se encuentre a dos millas náuticas mar adentro, en una zona que estaba un metro por encima de la superficie del mar y que, actualmente, tiene una inquietante profundidad de unos 10 metros.

Actual Faro de Buda
El embate de las olas, la extracción de agua del subsuelo, pero sobre todo la inconsciencia humana de un uso del agua del río meramente especulativa y comercial están matando el Delta del Ebro segundo a segundo. Un delta que ha tardado siglos en formarse y que acabará muriendo en pocos años por intereses creados de gente que ni vive, ni le importa lo más mínimo el futuro de este prodigio vivo de la naturaleza.

Para recapacitar.



La fragilidad extrema del Delta del Ebro hecha foto

Webgrafía

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buen artículo que deja a las claras lo daňino que es a veces el ser humano y las políticas nefastas. Enhorabuena