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lunes, marzo 28, 2011

Las misteriosas olas gigantes.

Cuando paseamos por el puerto y vemos el inmenso tamaño de los grandes cruceros o los gigantescos barcos de carga, nos da la impresión que tales ingenios son poco menos que indestructibles. La potencia que despliegan en el mar estas maravillas de la técnica es espectacular, sin embargo, a pesar de su grandeza y potencia casi sin límites, son unas auténticas cáscaras de nuez flotantes cuando se encuentran en medio del mar con unos auténticos monstruos de la naturaleza: las olas gigantes.

Para empezar, no debemos confundir una ola gigante con un tsunami, ya que estos últimos se forman por causa de un terremoto y su mayor grado de afectación se produce en las costas, puesto que en mar abierto no son especialmente peligrosos. Sin embargo, las olas gigantes se producen en cualquier parte de los océanos, en cualquier momento y, prácticamente salidas de la nada, se disipan tan pronto como se han formado. Si por desgracia encuentran algún barco en su trayecto, por grande que este sea, tengan por seguro que las va a pasar mal. Muy mal.

Se llama "Ola Gigante", a aquellas olas que, sin causa aparente, doblan, triplican o incluso cuadriplican la altura media de las olas que hay en un mar en aquel momento. De tal forma que en zonas de mar muy alterada con alturas de olas de 8 o 10 metros, puede desarrollarse una ola que puede llegar a alcanzar los 20 m de altura o incluso ser superior, arrasando con toda flota que se encuentre en aquel momento por la zona. La existencia de estas olas se conoce desde antiguo, pero siempre se consideraron como meras fantasías y leyendas de marinos ebrios. Desde 1995 sabemos que, de mitos, nada. Y que existen en mayor número de lo que suponíamos.

Durante el primero de enero de 1995, la plataforma Draupner dedicada a la extracción de gas y ubicada en el Mar del Norte a 160 km mar a dentro de las costas noruegas, se encontraba inmersa en un temporal en el que las olas llegaban a los 12 metros. Hacia las 3 de la tarde, los trabajadores fueron confinados en el interior de las instalaciones de la plataforma, en espera de pasar los fuertes vientos huracanados que se estaban produciendo en aquella parte del Atlántico.

Hacia las 15.20 los detectores laser de medición de altura de olas de la plataforma detectaron una ola que llegó, de forma inexplicable, a los 26.8 metros de altura. Dicha altura no afectó a la plataforma, al estar preparada para aguantar huracanes y estar muy alta sobre el nivel del océano. Ello impidió que la super-ola no llegase a inundar las instalaciones, y libró a los trabajadores de ver en vivo y en directo la llegada de una pared de agua como la que se les vino encima.

A raíz de este descubrimiento, se pudo seguir el hilo de diversas desapariciones misteriosas de barcos y de eventos similares que pusieron en jaque a más de una tripulación, tal como la del trasatlántico Queen Mary, que en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, se encontró con una ola de 28 metros de altura que lo hizo zozobrar a unas 700 millas de distancia de las costas de Escocia. El buque se encontraba inmerso en una tormenta y llevaba 16000 soldados estadounidenses, cuando, al impactar de lado la enorme ola, llegó a escorarlo 50º durante un breve periodo de tiempo. Afortunadamente, el barco se enderezó él solo y pudo continuar el viaje sin mayor inconveniente, pero si el barco hubiera alcanzado los 53º de inclinación, el Queen Mary habría volcado y provocado así el mayor desastre naval de la historia, superando de largo el siniestro del Titanic.

Sin embargo, no se crea que estas cosas sólo pasan en mar abierto, ya que si se encuentra en un lago, en medio de una tormenta, puede que no se encuentre a salvo de estas olas monstruosas. El 10 de noviembre de 1975, los barcos SS Arthur M. Anderson y SS Edmund Fitzgerald, cargueros de agua dulce de unos 220 m. de eslora, se encontraban navegando por el lago Superior (Grandes Lagos), cuando debido a una tormenta con vientos de hasta 100 km/h se empezaron a levantar olas de hasta 7 m. de altura. En pleno fragor de la tormenta, el Anderson, que era más lento, perdió la comunicación con el Fitzgerald y se vio alcanzado por rachas de hasta 139 km/h y olas de más de 11 m. de altura, que lo hicieron zozobrar. El SS Fitzgerald por su parte se hundió, y perecieron sus 29 tripulantes. No se sabe exactamente que es lo que pasó, pero se especula que un "tren" de tres olas gigantes partiera el buque y lo enviara a pique en un instante, ya que no se recibió ninguna llamada de auxilio, se encontró un bote salvavidas que ni tan solo tenia quitada la funda, y unos ganchos se descubrieron doblados debido a una gran presión. Sus restos reposan, partido en dos, en una profundidad de tan solo 160 metros.

Sea como sea, los científicos no se ponen de acuerdo en cual es el mecanismo que pone en marcha estas olas destructivas. En algunos casos se producen en zonas donde se producen confluencias de fuertes corrientes de sentidos contrarios, mientras que otras veces se producen cuando se superponen olas de varias longitudes de onda diferentes, formando momentáneamente un auténtico monstruo que se disipa tan pronto como se ha formado. Cualquiera que sea el origen de las olas gigantes, resultan un auténtico peligro para la navegación, hasta tal punto que han llegado a hacer variar algunas rutas navales de zonas especialmente proclives a su formación. 

Esperemos que los conocimientos científicos al respecto avancen con celeridad y eviten más incidentes si bien, por mucho que avancemos, el principal conocimiento que hemos de desarrollar es el del respeto y la humildad para con el mar. Un mar al cual le importamos bien poco y del cual dependemos totalmente.

Barco británico en apuros. (Foto cortesía Histarmar.com.ar)

jueves, marzo 17, 2011

La inaudita lluvia de iguanas.

Uno de los principales problemas con el cambio climático es que especies foráneas, normalmente de zonas más cálidas, ocupan nichos ecológicos que anteriormente eran ocupados por fauna autóctona, desplazándolos o, directamente, acabando con ellos. Sin embargo, el paso de las estaciones obligan a unas subidas y bajadas de la temperatura, en las que se alterna el frío con el calor, pero aumentando constantemente las medias. Es en estas pulsaciones en que las temperaturas pueden llegar a ser más bajas de lo normal, poniendo un poco las cosas en su sitio... aunque se corra el riesgo de ser descalabrado.

En un lugar eminentemente cálido como es la península de Florida, en los Estados Unidos, la profusión de especies tropicales que se han adaptado al entorno se ha vuelto una auténtica plaga. Boas, pitones, anacondas, lagartos, pirañas, ranas venenosas, plantas extranjeras... todo un cúmulo de especies de todo el mundo, por una u otra causa se han aclimatado a aquel benigno clima, provocando un fuerte desequilibrio ecológico y molestias a sus habitantes. Pero Florida está en el hemisferio norte, lo que significa que tiene inviernos, suaves, de unos 20º de media, pero los tiene.

El problema estriba cuando el invierno se endurece más de lo acostumbrado, y eso es lo que ha pasado durante los últimos años, en que diversas entradas de aire frío provenientes del Ártico, han llevado temperaturas por debajo de cero grados incluso en el extremo sur de Florida, con todo el daño que ello produce a los cultivos, la fauna salvaje y, en especial, a la fauna importada del sur, la cual, al estar poco acostumbrada a estos embates climáticos, sufre especialmente las consecuencias.

Los reptiles, al ser de sangre fría, son los primeros que lo notan, quedando aletargados y bajando su actividad hasta entrar en hibernación, al ser totalmente dependientes de la temperatura ambiente para calentar su cuerpo. Hasta tal punto llegan a depender de la temperatura, que las boas y otras serpientes alóctonas quedan con un estado de rigidez hipotérmico que les hace parecer más bien palos que seres vivos. Pero las pitones y las boas no son las únicas en padecer el frío intenso, las iguanas, también, pero con la particularidad de que son arborícolas y su población es muchísimo más elevada. Y aquí su "peligro".

Las iguanas, como reptiles que son, quedan ateridas por el frío y quedan agarrotadas asemejándose más a un trozo de mojama que a un lagarto. Este agarrotamiento provoca que las iguanas pierdan la adherencia a las ramas en que viven y caigan a plomo, llegando a ser un problema para los ciclistas y viandantes que circulan por debajo de los árboles y a los cuales les caían encima por docenas. Una cosa es que caiga un pajarillo de 200 gm, otra muy distinta que te caiga un bicho de más de 5 kg en la cabeza.

Los santos talegazos que se daban las congeladas iguanas no siempre eran letales a pesar de caer de alturas considerables, por lo que la gente, apiadándose de ellas, las ponía al sol para que se calentaran y revivieran mínimamente. Esta actitud, muy caritativa ella pero contraproducente para eliminar la plaga, llevó a las oficinas de conservación de la naturaleza a prohibir a la gente que las reanimara. Aún así, el frío extremo -para la zona, claro- de los tres últimos inviernos han acabado con más del 50% de las poblaciones de  iguanas verdes de Florida.

Sea como sea, se cree que las poblaciones continuarán su progresión, ya que, a pesar de la mortandad de estos animales, se importan a los Estados Unidos casi un millón de ejemplares de iguanas para tenerlos como mascotas. Muchos de ellos morirán pronto por las condiciones inapropiadas de su conservación, pero la gente, confundiéndolos con juguetes, cuando lleguen a un tamaño demasiado grande (cabe recordar que pueden llegar hasta los dos metros y 10 kg de peso) no tendrán ningún miramiento de dejarlos en libertad. De esta forma, las poblaciones se recuperarían a pesar de que una climatología adversa acabe con buena parte de la plaga.

En conclusión: la naturaleza tiene sus propios mecanismos para poner cada uno en su sitio, pero mientras que el hombre sea el principal vector de introducción de nuevas especies, poco se podrá hacer al respecto. Tan solo una concienciación global de los problemas ecológicos derivados de traer y llevar animales como mascotas podrán hacer que acabemos con este problema. Hasta entonces, continúe  usando casco cuando vaya a Florida en invierno o mirando el retrete cada vez que vaya al lavabo, no sea que a algún "desustanciado" se le haya ocurrido tirar a su pitón reticulada por el váter... para desgracia del pobre bicho.
En Florida, en invierno, mejor ir con casco.

domingo, marzo 13, 2011

Canal de la Infanta: Memoria histórica en estado terminal.

Pocas veces un canal de regadío tiene tanta trascendencia para la historia de una población como el Canal de la Infanta para la historia de L'Hospitalet de Llobregat. Este canal de riego que partiendo desde Molins de Rei lleva el agua del Llobregat por su ribera izquierda hasta Barcelona significó un cambio cualitativo crucial en la transformación de Hospitalet de una población agrícola a una población industrial. Sin embargo, pocas veces también una población ha sido más desagradecida para con su principal fuente de progreso.

Aún me fascina cuando uno de los ancianos de la calle, ya muerto hace unos años, me explicaba que de pequeño se iba a bañar en el canal que pasaba entre cerezos un poco por detrás de nuestra casa. El imaginarme esta zona de Hospitalet, antaño agrícola, verde y ahora convertida en gris y cemento, siempre me hace añorar un pasado que jamás he vivido y que siempre ha girado alrededor de El Canal de la Infanta.

Este canal fue construido entre 1817 y 1819 y permitió poner en regadío prácticamente todo el termino municipal de Hospitalet, el cual estaba básicamente dedicado al cultivo de secano. El agua del Llobregat sirvió para que el pueblo comenzara a crecer en población y, al abrigo de la fuerza hidráulica, se empezaran a instalar cada vez más industrias que dieron el espaldarazo definitivo a que se convirtiera en la segunda ciudad de Catalunya. Por desgracia, este crecimiento desorbitado durante el siglo XX, fue, paradójicamente, lo que acabó con el canal.

La disminución de las tierras de cultivo, así como las necesidades cada vez mayores de evacuación del alcantarillado de los nuevos edificios que se construían por doquier, provocaron que cada vez más se utilizara el antiguo canal de riego como lugar donde abocar los residuos domiciliarios, lo cual convirtió lo que antaño era un plácido y bucólico canal de riego en una auténtica cloaca a cielo abierto. De esta forma, el canal se convirtió en una fuente de malos olores y de infecciones varias, que conforme fue pasando el tiempo fue cubierta y convertida en muchos de sus tramos en una simple alcantarilla.

Vista del tramo desde Google Maps
Aunque sigue en funcionamiento en su tramo hasta Sant Joan Despí, poco queda ya en Hospitalet de esta infraestructura. Sin embargo, aún existe un pequeño tramo en que el Canal de la Infanta no ha desaparecido todavía a pesar del estado de deterioro que se ha producido tras pasar casi 30 años sin circular agua por su interior. Los planes de urbanización a toda costa que el ayuntamiento tiene para la zona donde se encuentran los restos tampoco parece que le auguren un futuro muy halagüeño.

El tramo se encuentra al final de la avenida Josep Tarradellas, en el interior de los terrenos del antiguo Cuartel de la Remonta, sede en la actualidad de la Escola de Capacitació Agraria Eqüestre y consisten en unos 100 metros de canal recubierto de mampostería y un puente que salvaba el canal para poder acceder a unos terrenos que se encuentran a un nivel superior. Justamente, el estar incluidos en terrenos militares -aunque posteriormente cedidos al ayuntamiento- ha permitido que aún sean visibles.


El tramo que aún se conserva comienza unos metros antes en el término de Cornellà de Llobregat, ya que esta zona es limítrofe entre Cornellà y Hospitalet, siendo visitable al corresponder a un tramo abierto de la calle Conflent. En ella podemos observar una parte del canal totalmente colmatado de tierra, escombros y desechos varios (cabe recordar que en sus orígenes tenía entre 2 y 4 metros de ancho y 1'80 de profundidad), así como un puente que daba acceso a un paso inferior de la vía del tren que pasa a pocos metros. El entorno está totalmente degradado y abandonado denotando la falta total de interés por conservarlo por parte de los ayuntamientos implicados.


Ignoro cual será el futuro de los pocos restos reconocibles que aún quedan del Canal, pero mucho me temo que los intereses urbanísticos y las comisiones bajo mano pasarán al galope, como tantas otras veces, por encima de nuestro derecho a la conservación de la memoria histórica de nuestro pasado colectivo.

Para ver más fotos del tramo que se conserva, entrad en este enlace.

Tramo del Canal en Sant Joan Despí, actualmente cubierto.

viernes, marzo 11, 2011

¿Qué hacer en caso de Tsunami?

El terremoto de grado 8,9 de escala Richter que ha habido hoy en Japón y el tsunami con olas de 10 metros que han engullido todo a su paso, no ha dejado indiferente a nadie. Las imágenes en directo de este primer maremoto televisado de la historia simplemente son de las que dejan mudo a cualquiera. Si esto mismo ocurriese en estas latitudes, en vez de unos pocos cientos de muertos como van marcando los teletipos, los muertos se contarían por decenas de miles. Y es que si algo define a la sociedad japonesa es su extraordinaria organización y disciplina, o lo que es lo mismo, la diferencia entre la vida y la muerte en una situación de excepcionalidad tal como la sufrida.

Los planes de evacuación y de actuación ante estas desgracias son básicas, y la población nipona las conoce al dedillo y más si tenemos en cuenta que en este territorio se producen el 17% de los terremotos que cada año se producen en el planeta y la convivencia con la naturaleza desatada es obligatoria. A pesar de toda la concienciación, la arquitectura antisísmica y los planes organizativos, las fuerzas telúricas se cobran su impuesto de víctimas.

Las imágenes del tsunami que nos han llegado son escalofriantes, pero seguro que a más de uno ha llamado la atención que la llegada de la ola de 10 metros no ha sido como en las películas, en la que una descomunal ola -del estilo que buscan los surfistas- se abalanza desde tres o cuatro pisos de altura. Los tsunamis, si bien son un auténtico jinete del Apocalipsis, tienen poco que ver con lo que Hollywood nos ha vendido, ya que , en realidad, son más parecidos a súbitas subidas de marea con capacidad de llegar a muchos kilómetros en el interior que una fotogénica ola surfera. 

Sin embargo, si se encontrase en medio de un "fregado" como este, a parte de rezar hasta el Credo,...¿sabría cómo actuar? Aquí van una serie de consejos que le pueden ser de utilidad si se encuentra en una zona costera con peligro de tsunamis:

  • Si está en la playa y  nota un terremoto importante, conviene eludir la primera linea de playa. Un terremoto puede no crear un tsunami, pero más prudente es evitar la arena por si acaso.
  • En caso de no sentir ningún terremoto que nos ponga sobre aviso, una de las señales que nos puede avisar es observar un extraño y repentino descenso del nivel del mar que dejará el fondo marino al descubierto. En ese caso, será preceptivo correr hacia el interior, tanto más rápido cuanto más se haya retirado.
  • En el horizonte podrá observarse una linea blanca que indicará la linea de la primera cresta de olas. Deberemos huir por tanto hacia el interior y hacia las partes más altas.
  • Evitaremos huir por vaguadas y lechos secos de ríos, ya que será lo primero que se llenen de agua al ser los niveles más bajos de la superficie.
  • Huir hacia el interior lo más rápidamente posible, y si vamos más lentos que el frente de ola, intentar acceder a los puntos más altos, ya sean puentes de carreteras, colinas o edificios sólidos.
  • Si huye en automóvil y desgraciadamente le coge el frente de ola, abandone su vehículo lo más rápidamente posible. Tiene más posibilidades de salvarse a cuerpo descubierto que dentro de un coche: usted flota, el coche no.
  • En caso de que se encuentre en una embarcación cerca de la costa, no busque el abrigo de ningún puerto, al contrario, en este caso el abrigo se encuentra en mar abierto, ya que las olas son más enérgicas  cuanto más cerca de la costa nos hallemos. En alta mar, los tsunamis son casi imperceptibles.
  • El tsunami no está formado por una única ola, sino por varias olas. Una vez pasada la primera ola, no conviene confiarse. En unos minutos (entre 10 y 45 minutos) puede llegar la segunda y las siguientes.
  • Recuerde que el agua tiene una fuerza inmensa para entrar en tierra firme, pero como toda ola, antes de que llegue la segunda, el agua se retirará hacia el mar y la resaca puede ser tanto o más destructiva que la ola, por el contenido de escombros arrastrados y por los remolinos de corriente del estilo del Maëlstrom que se generan.
  • Nunca subestime los avisos de maremoto emitidas por las autoridades. Tenga controlada una radio para informarse en caso de quedar aislado.
  • Si está a salvo y se puede valer por sí mismo, ayude a las demás personas que se encuentren en situaciones similares. Los servicios de emergencias estarán colapsados con total seguridad y no podrá contar con ellos rápidamente.
Esperemos que nunca tenga la necesidad de hacer servir estos consejos, porque en una situación como esta, a parte de toda su sapiencia e inteligencia, necesitaría una buena dosis de buena suerte. Aunque, como todo en la vida, a la suerte siempre se la ha de ayudar. Que se lo digan a los japoneses.

Jinete del Apocalipsis cabalgando a rienda suelta.

    miércoles, marzo 09, 2011

    San Cacahuete, obispo y mártir.

    Muchas cosas hay en la vida que, por cotidianas, pasan totalmente inadvertidas al ojo humano. Nos fijamos en ese edificio que estaba allí de toda la vida, pero nos damos cuenta de su existencia cuando vemos el solar que deja cuando lo han derribado. Algo parecido puede pasarnos con cualquier cosa, la papelera que han quitado, la casa antigua que aparece de repente en su mirada, el bolígrafo que sale de un cajón... y en todo esto, las cosas de comer no son ajenas: ¿se ha dado cuenta lo que tiene ese cacahuete frito que está harto de comer en el vermut? ¿no? Tranquilo... ya se lo hago visible.

    El cacahuete (Arachis hypogaea) -también llamado cacao o maní- es una planta sudamericana que se ha ganado por méritos propios el reconocimiento mundial, lo cual ha permitido que sea cultivado en grandes áreas tanto de África y Asia. De hecho, la parte de dicha planta que nos interesa a los humanos son las curiosas vainas que crecen de las raíces a modo de patata, y que contienen las semillas a partir de la cual generar nuevas plantas y que son lo que en realidad nos comemos.

    Estas semillas, que se conocen desde hace unos 8000 años, son ricas en grasas por lo que son ampliamente utilizadas en la cocina, en multitud de platos de los países productores. La industria obtiene del cacahuete un aceite que sirve para cocinar, como lubricante, para hacer jabones y para hacer la conocidísima manteca de cacahuete, base de todo tipo de pasteles, pastas y postres en el mundo anglosajón. 

    En España, el uso que se le da a los cacaos es casi eminentemente como aperitivo, ya sean torrados con sal o azúcar, consumiéndolos con auténtica fruición. Sin embargo...¿usted se ha dado cuenta que cada vez que se come un cacahuete se está comiendo un obispo? Si, si... no le engaño. Coja una de las semillas, ábrala por la mitad, y mire en la parte de arriba...¡Oh!¡Increíble! ¡Es la viva imagen de un obispo!


    Pues si, efectivamente, al separar los cotiledones aparece la imagen clarísima de una mitra con las ínfulas que le cuelgan. Eso sí, antes de que se le ocurra poner una capilla dedicada a San Cacahuete Mártir, ha de saber que esta pareidolia se produce por lo que serían los restos del germen del cacahuete después de su tueste. Es decir, la radícula y el hipocótilo formaría la mitra propiamente dicha y la plúmula daría lugar a las ínfulas y la cara. Lo más curioso del caso es que esta "mitra" comestible sale en una altísima proporción cada vez que abrimos un cacahuete, lo cual lo convierte en un interesante divertimento para todo el mundo.

    En definitiva, que si usted es religioso, ya tiene una excusa para bendecir los cacahuetes que coma en el aperitivo y si no lo es, siempre se puede divertir buscando el "obispo" del cacahuete a la vez que los devora con deleite. Eso si, recuerden que el camino está hecho para ir por el medio...¡ahora no se me empachen comiéndose a media curia pontificia!

    Puestos a comerse, mejor el del cacahuete.

    lunes, marzo 07, 2011

    La dura vida de un pequeño titán con agallas.

    Los humanos muchas veces nos encontramos superados por las adversidades y las dificultades que la vida nos pone en el camino. Depresiones y ansiedades por no poder conseguir lo que nos hemos propuesto están a la orden del día y nos causan gran desasosiego, sin embargo, si mirásemos a nuestro alrededor y dejáramos de mirarnos tanto el ombligo, nos daríamos cuenta que realmente nos quejamos de vicio. Y si no que se lo digan a un pequeño pez de las islas Hawaii: el Oopu Alamoo.

    Oopu Alamoo
    El Oopu Alamoo (Lentipes concolor) es un pequeño pez de la familia de los gobios que es endémico de las Islas Hawaii y tiene su hábitat a caballo entre las profundidades marinas y las aguas dulces de los ríos que avenan dichas islas del Pacífico. Su tamaño no excede los 7 centímetros de largo de los machos y los 6 centímetros de las hembras, aunque conociendo sus hábitos, lo extraordinario es que todavía exista alguno. Y no, no es que se los coman o el hombre acabe con ellos -que también- sino que ellos solitos se bastan y sobran para complicarse la existencia de mala forma.

    Aletas ventrales modificadas
    Estos pequeños peces tienen la peculiaridad de que, debajo de la cabeza, poseen una especie de ventosa originada a partir de dos aletas ventrales fusionadas que les sirve para aferrarse a las rocas y no ser arrastrados por las corrientes del agua de los ríos. Hasta aquí todo normal, ya que hay muchos tipos de peces que utilizan técnicas similares, pero es que nuestro oopu lo utiliza para un trabajo curioso: para trepar cascadas.


    Cascada Akaka
    En un río, las aguas de zonas más altas, por inaccesibles, acostumbran a ser las que menos depredadores y menos competencia por el alimento poseen. Si encima, hay un salto de agua en medio de la corriente, el hecho de encontrar otro pez que pueda comerte se reduce mucho. Es en este caso que, los minúsculos oopus alamoo no dudan un instante y, aprovechando la fuerza de succión de su ventosa, comienzan a trepar por la cascada pasito a pasito, intentando evitar el grueso de la corriente y las zonas sin agua.

    Cascada Hi' Ilawe
    Lo extraordinario de estos titanes con agallas es que, no es que remonten cascadas de un par o tres de metros, sino que llegan a remontar cascadas de más de 100 metros de altura -caso de las cascadas Akaka- e incluso de más de 300 metros de altura -caso de las cascadas Hi'Ilawe-, lo cual es absolutamente demencial, y más si tenemos en cuenta que, para un animal de este tamaño, es como si para nosotros nos tocase subir a pulso una pared de más de 7 kilómetros de altura. Si, encima, tiene la mala suerte de dar un paso en falso y le falla la ventosa, la caída libre ha de ser mortal de necesidad. A pesar de las gotas como bombas que les caen encima y que solo llegan los más fuertes, los pequeños oopus se dirigen hacia la parte de arriba con total decisión.

    Macho con librea de celo
    Una vez arriba, los peces se encuentran con remansos de aguas más tranquilas, donde alimentarse y  reproducirse con total tranquilidad o... con la tranquilidad que da saber que los huevos, una vez eclosionados, volverán a bajar cascada abajo hasta llegar al mar, donde podrán llegar a los 1000 metros de profundidad y se desarrollarán para volver al río y volver a subir por las impresionantes paredes rocosas en un eterno ciclo. Ciclo eterno que deja a cualquier vicisitud por la que nos preocupemos en una mera anécdota, ya que aquello por lo que ha de luchar cada día el pequeño oopus alamoo, sí que es una auténtica cuesta arriba...

    ...¡y vaya cuestas arriba! 

    domingo, marzo 06, 2011

    La historia de los cíclopes fosilizados.

    Ulises cegando a Polífemo
    Uno de los pasajes más conocidos de La Odisea es el del encuentro de Ulises con Polífemo, el cíclope que vivía en una isla y guardaba sus ovejas en el fondo de una cueva. Actualmente, nadie cree en la existencia de gigantes de tres metros que tienen un solo ojo, y se considera un relato mitológico y fantástico. No obstante, aunque cueste el creerlo, el mito griego de los cíclopes está basado en la realidad.

    Mil años antes de Cristo, la religión de los antiguos griegos intentaba dar una explicación lógica y coherente a todo el entramado de la naturaleza, y a pesar de los avances en matemática y física de la época, la fantasía mitológica daba las explicaciones necesarias para sobrellevar la vida diaria. Cuando, en alguna cueva de las islas del mar Egeo, alguien encontró un cráneo descomunal con un único agujero en medio de la frente, no es descabellado que pensase que un ser, posiblemente un gigante -debido al tamaño del cráneo- con un solo ojo hubiese habitado aquella cueva. Cuando muchos encuentran muchos cráneos gigantes con tan solo un orificio en el fondo de cuevas, la existencia de gigantes cíclopes que viven en grutas se convierte en una realidad incuestionable que trasciende los siglos.

    Los seres humanos de esa parte del Mediterráneo convivieron con estas creencias culturales transmitidas a través del tiempo ignorando la realidad que la originó, pero cuando a partir de mediados del siglo XIX se encontraron restos fósiles extraños en diversas islas mediterráneas, se empezaron a ligar cabos.

    Los naturalistas, sobretodo ingleses, que se dedicaron a estudiar la fauna fósil de las islas griegas y mediterráneas descubrieron que existían fósiles de molares que correspondían a algún tipo de elefante desconocido, destacando por el pequeño tamaño de los mismos. Los descubrimientos de fósiles completos de varios individuos tanto en Sicilia como Malta, Chipre o Creta, llevaron a la conclusión de que cada isla había albergado pequeños elefantes, muy próximos genéticamente entre ellos, pero de especies totalmente diferentes.

    En general se trataba de elefantes emparentados con los actuales elefantes índios y más pequeños que ellos. En algunos de los casos, los ejemplares adultos no llegaban a hacer más de un metro de altura y unos doscientos kilos de peso, siendo claramente especies endémicas de las islas en las que se habían descubierto.  Pero... ¿cómo llegaron estos elefantes a islas mediterráneas que se encuentran en algunos casos a centenares de kilómetros de distancia del continente? Las últimas glaciaciones tienen algo que decir al respecto.

    Efectivamente, durante la última glaciación el nivel del Mediterráneo bajó más de 120 metros, provocando que muchas de las islas estuvieran unidas al continente, o bien las distancias entre las orillas fuesen netamente inferiores a las actuales. Este perfil costero permitió que los elefantes que habitaban por toda Europa se extendieran por rincones que, al finalizar el periodo glacial y subir progresivamente el nivel del mar, quedaron aislados de tierra firme. Este aislamiento de ciertas poblaciones de paquidermos, produjo que se desarrollaran de forma diferente que el resto de sus parientes en el continente, generando especies nuevas adaptadas al nuevo entorno.
    La disposición limitada de recursos en las islas produjo que, los antaño grandes elefantes, fueran reduciendo progresivamente el tamaño de sus cuerpos en un proceso que se ha dado a llamar enanismo insular, y generando elefantes enanos que apenas sobrepasaban el metro de altura. Tal es el caso del Elephas falconeri de Sicilia o el Elephas cypriotes de la isla de Chipre.

    Estos elefantes pigmeos que utilizaban habitualmente las cuevas como refugio desaparecieron hace entre 4.000 y 10.000 años, por lo que se cree que, en algunos casos, los hombres pudieron convivir en lugar y época con ellos, si bien no se ha llegado a probar este nexo de unión.

    El descubrimiento por parte de los antiguos griegos de los esqueletos y cráneos de estos auténticos elefantes-bonsai en el fondo de las grutas dispararon las elucubraciones sobre su origen, generando el mito de los cíclopes al confundir el agujero de la nariz (trompa) de los cráneos de los pequeños elefantes extintos con lo que sería una cuenca de un ojo. 

    La fantasía desbordante de la humanidad, junto a la necesidad de hacer lógico lo que a sus ojos era incomprensible ha generado mitos tan conocidos como las de las sirenas o, como en el caso que nos atañe, los de los cíclopes. Todo ello demuestra que la relación del ser humano con la naturaleza es profunda e íntima llegando incluso hasta nuestros días, aunque desde el punto de vista actual creamos que la naturaleza simplemente es un bonito fondo de pantalla para nuestras vidas.


    Comparación entre un mamut adulto y un elefante enano.