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lunes, marzo 20, 2017

La misteriosa soledad de la ballena de 52 hercios

Comunicación de las ballenas
En el mundo actual, en que parece que todo el mundo se haya vuelto loco de un tiempo a esta parte, los que aún mantenemos alguna neurona en funcionamiento, no pocas veces tenemos la impresión de estar en medio del desierto más absoluto. El ver las cosas de un cierto modo mientras que los demás piensan y actúan exactamente de la forma contraria hace que la sensación de aislamiento, por no decir de bicho raro, se incremente a cada día que pasa. Más allá de esta sensación de estar más solo que la una, la naturaleza nos da ejemplos de lo que es estar solo de la forma más literal posible, ya sea en el caso de animales (ver Celia, el bucardo que volvió de la extinción) como en el de plantas (ver La prodigiosa vuelta de la extinción del café marrón), aunque existe un caso de soledad extrema que lleva a los científicos auténticamente de cráneo: la ballena de los 52 hercios.

El mar es todo menos silencioso
Si preguntásemos por cual es la parte más silenciosa del planeta, la mayoría de la gente no dudaría en señalar que el fondo de los mares sería una de esas zonas... si bien estaría incurriendo en un grave error. Error que vendría provocado por nuestra incapacidad de oír bajo el agua al estar diseñados a oír el sonido en el aire, y que esconde que, justamente por el hecho de que el agua es mucho mejor transmisor del sonido que el aire, los fondos marinos sean más parecidos a una juerga flamenca que a un monasterio cisterciense. Y es que, además de los ruidos ensordecedores de los motores de los barcos que navegan por el mar y de las actividades humanas que se producen en él (plataformas petrolíferas, por ejemplo), hay una gran cantidad de animales marinos que utilizan el sonido como forma de comunicarse dentro del agua, entre ellos, las ballenas.

Zona de Puget Sound
A raíz de la Segunda Guerra Mundial, los científicos se dieron cuenta que, además de los ruidos de los submarinos enemigos, había una infinidad de sonidos de alta frecuencia que se transmitían por el océano. Este campo, que resultaba absolutamente desconocido para los investigadores, despertó la curiosidad de la comunidad científica, descubriendo que los cetáceos en general y las ballenas en particular, emitían una serie de sonidos en muy baja frecuencia que les permitía mantenerse en contacto entre ellas aún a distancias muy largas. Las investigaciones llevaron al punto de ser capaces de distinguir la especie de ballena simplemente estudiando el tipo particular de "canto" de cada una de ellas. Sin embargo, en 1989, la US Navy detectó el sonido de algo que parecía una ballena pero que emitía en una frecuencia totalmente extraña.

Espectrograma de la ballena 52 Hz
Efectivamente, en plena Guerra Fría, los hidrófonos de la Armada Estadounidense ubicados en el Estrecho de Puget (Washington) tenían la función de controlar la posible llegada de submarinos soviéticos a aguas yanquis, pero aquel sonido no parecía tener nada que ver con los rusos y sí con un canto de ballena. El único inconveniente era que los rorcuales y las ballenas azules "emiten" entre 10 y 39 hercios y este lo hacía, nada más y nada menos que a 52 hz, una frecuencia que no tenía nada que ver con ninguna otra especie de ballena conocida.

El sonido, que se mantuvo como secreto militar atribuyéndose al rumor de un submarino soviético, fue captado repetidamente en 1990 y 1991, y no fue hasta el 1992 cuando la desclasificación de parte de los archivos de los hidrófonos permitió a los científicos de la Institución Oceanográfica de Woods Hole descubrir el hallazgo. El ruido seguía puntualmente el ritmo anual de llegada de las ballenas a aquella parte del mundo pero... ¿qué ballena podría emitir a semejante frecuencia? Nadie lo sabía y, de hecho, a día de hoy, aún nadie lo sabe.

Ballena Azul
Las investigaciones, que han permitido detectar el sonido año tras año en diversas zonas del Pacífico Noreste (hemos de contar que las ballenas pueden superar los 80 años de edad), han llevado a pensar que seguramente se trate de una ballena azul. No obstante, el perfil del sonido no corresponde a ninguna especie conocida, por lo que se supone que ha de ser, o bien un ejemplar con alguna malformación, o bien una especie híbrida. Sea uno o sea otro, lo que se tiene claro es que se trata de un único ejemplar, el cual debido a su extremada alta frecuencia, no podría comunicarse con el resto de sus congéneres, convirtiéndolo en poco menos que un fantasma. Un fantasma en vida, aislado, que vagando por la inmensidad del océano emitiría su canto sin que ningún congénere fuera capaz de oírlo. Solo.

Casi 30 años después de su descubrimiento, la ballena de 52 hercios continua siendo un absoluto misterio. Un misterio que despierta todo tipo de conjeturas entre los científicos pero muy pocas conclusiones fehacientes. Un misterio de un ser único que navega en la más completa soledad en medio del inabarcable mar, reflejo de la soledad y la fragilidad de todo un planeta que, como un ser único, vivo, navega desamparado en la inmensidad del oscuro océano que es el Universo.


Trayectorias detectadas de la ballena de 52 hercios

Webgrafía

martes, febrero 28, 2017

La crisis inmobiliaria del año 33: una crisis de hace 2000 años excesivamente actual

Construcción en Roma
Se dice que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, y esto, los que nos dedicamos a indagar en los recovecos del pasado de la Humanidad sabemos que no es una vulgar opinión, sino un axioma categórico. Conflictos repetidos y calcados una y otra vez con unas pocas generaciones de por medio son la tónica general de una Historia que parece poner de manifiesto que el hombre será muy "sapiens" (el que lo sea) pero que memoria tiene menos que un pez. Y eso que, en una sociedad antigua y analfabeta tendría un pase por la imposibilidad de acceso al saber, no tiene perdón de Dios en las sociedades actuales, en las que el acceso a la información no es que sea fácil, sino sencillamente abrumador. En esta situación, la actual crisis económica no es una excepción y, si las mentes clarividentes hubiesen tenido la precaución de leer un poco de Historia y no hubiesen tenido los ojos tapados con billetes, hubieran visto que ya los romanos se encontraron en una situación clavadita a la que nos encontramos hoy día: la crisis del año 33.

No era lo que más les preocupaba
El año 33 para los cristianos es un año destacado por los acontecimientos que llevaron a la muerte de Jesucristo, sin embargo, para la cotidianeidad del Imperio Romano, aquello era una gota en la inmensidad del Mare Nostrum. Roma, con una población rayana el millón de almas (aunque se sospecha que jamás llegó a alcanzar dicha cantidad), en aquel año 33 tenía los pelos de punta, pero no por la supuesta resurrección de ningún judío, sino por la crisis que amenazaba con colapsar la economía del Imperio más potente del mundo conocido.

Ínsulas romanas
Por aquellos tiempos, la economía de Roma se basaba en el comercio, la producción agrícola, artesana y, sobre todo, por la expansión del Imperio, que proporcionaba suculentos botines en forma de metales preciosos y esclavos con los que seguir sacando rendimiento a los campos que daban de comer, de forma prácticamente gratuita, a los ciudadanos romanos. No obstante esta particular forma de obtener recursos, la sociedad acomodada movía su dinero de múltiples formas y una, que se demostró ser especialmente rentable fue el mercado inmobiliario... ¿les suena?

Típica economía productiva
Roma en aquel entonces era el ombligo del mundo. Todo aquel que pretendía ser alguien en aquella sociedad tenía que dirigirse a la Ciudad Eterna, habida cuenta que, como ciudad más importante del Imperio, era la que ofrecía un mayor numero de oportunidades. Esta afluencia desmesurada de gente hizo que se necesitaran muchas casas donde alojarlos, y como era imposible proporcionar una casa aislada para cada uno, los arquitectos romanos, prácticos como eran, se inventaron los bloques de pisos (ver Las ínsulas, los adelantados bloques de pisos de los romanos). El único inconveniente es que, ayer igual que hoy, para que las clases más bajas y medias accediesen a estas viviendas, o bien las alquilaban a precios desorbitados o se empeñaban hasta las cejas con créditos usureros. Los ricos, para seguir construyendo ínsulas, se entrampaban con los bancos igual que los demás.

Tiberio (14 d.C.-37 d.C.)
En esta situación de burbuja inmobiliaria desbocada, el emperador Tiberio se encontró que, su predecesor, Augusto, le había dejado una economía saneada pero con las arcas imperiales temblando, por lo que, a poco que se torciesen las cosas, no iba a tener un sestercio con que pagar las prebendas de los ciudadanos romanos ¿Qué hacer para tener "cash" sin tocar los impuestos? Lo lógico: recortes a punta pala.

De esta forma, Tiberio recortó un 75% el presupuesto de obra pública respecto la época de Augusto, recortó la transferencia de dinero que se hacía a la ciudadanía y endureció los créditos. Paralelamente, la gente se le quejaba al emperador por los intereses usureros de los prestamistas, por lo que decidió hacer cumplir una vieja ley que nadie aplicaba que obligaba a sanear las cuentas de los banqueros y limitaba los tipos de interés que podían cobrar. Los banqueros, alarmados, se quejaron a Tiberio, por lo que el emperador les otorgó 18 meses para ponerse al día. Fue el acabose.

Los senadores sufrieron la crisis
Los banqueros, para cuadrar los balances empezaron a reclamar el importe de las deudas a aquellos que estaban hipotecados. Los deudores, apremiados por los bancos, empezaron a retirar el dinero de los bancos para cancelar sus préstamos, pero no todo el mundo tenía metálico y muchos empezaron a vender sus tierras y sus pisos a precios reventados, por lo que la burbuja explotó.

En esta situación, el mercado inmobiliario se hundió por el exceso de oferta, el crédito -endurecido por las políticas de austeridad y por la creciente insolvencia de la población- acabó colapsando, desplomando a su paso el negocio de la construcción y creando un ambiente de deflación en que los precios, en vez de subir, bajaban a cada día que pasaba. El dinero, simplemente no corría. El Imperio Romano se hundía por momentos

Sestercios
Tiberio, viendo la que se había formado, tuvo que poner un millón de monedas de oro...¡de su propio bolsillo!, lo que significó inyectar al sistema por medio de los bancos 100 millones de sestercios. Si contamos que 1 sestercio podríamos equipararlo a 1 euro de hoy en día, podemos imaginar la dimensión de la tragedia. Pero no acabaron aquí las medidas que tomó el emperador.

Tiberio
Además de esta recapitalización de los bancos al mejor estilo Bankia, Tiberio ofreció al público créditos sin intereses durante tres años, con la sola condición de que el crédito fuera avalado con patrimonio (básicamente tierras) cuyo valor sumara el doble del valor del préstamo, la cual cosa fue un soplo de aire fresco a una ciudadanía asfixiada por la falta de dinero. Sin embargo, Tiberio estaba dispuesto a cobrarse el dispendio y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, decidió ir a por un banquero de Hispania que se había hecho rico por sus minas de oro en Sierra Morena y las montañas de Alicante, y que no era muy favorable al emperador: Sexto Mario. De esta forma, acusó al banquero de incesto, expropiándole todas sus minas de oro y ejecutándolo, junto a su hija, tirándolo desde la roca Tarpeya de la colina Capitolina. Los Reyes Católicos, como podemos ver, tampoco inventaron nada con la expulsión de los judíos.

Los pobres, en crisis perpetua
En definitiva, que Roma, finalmente salió del bache a base de medidas de inyección de capital, facilitando las cosas a su ciudadanía -ya que no podía aumentar los impuestos a los ricos- y, sobre todo, siguiendo con las campañas de expansión del Imperio, para así continuar enriqueciendo a Roma a cuenta de los botines arrebatados a los enemigos. ¿Y los pobres y los esclavos? Pues, para ellos, como fácilmente puede pensar, ni hubo crisis, ni recuperación, porque cuando estás en el fondo del pozo, si malo era antes, igual de malo era después. ¿Se repite o no se repite la Historia?

¡Pues a ver si aprendemos, corcho!

En Roma los banqueros también producían crisis

Webgrafía

viernes, febrero 24, 2017

Hoy, salimos: Font de Les Planes

Les Planes de Vallvidrera, en pleno corazón de Collserola, ha sido desde hace más de un siglo, un espacio de asueto para la clase popular barcelonesa, que encontraba en sus merenderos y en su excelente comunicación con los Ferrocarriles Catalanes, el perfecto lugar donde pasar un domingo en plena naturaleza. En la actualidad sigue siendo un espacio muy concurrido, donde las familias y grupos, por poco dinero, pueden alquilar las barbacoas y organizarse una comilona al aire libre. Si no es de los que les atrae el autoservicio de las brasas, en uno de sus establecimientos más emblemáticos, podemos tomar una excelente calçotada a un precio razonable: el Restaurante Font de les Planes

Restaurante Merendero Font de Les Planes


  • Nombre: Font de Les Planes
  • Dirección: Ctra. de Vallvidrera a Sant Cugat (BV-1462) Km. 6,5 (ver mapa)
  • Población: 08017- Barcelona



Puntuación: 7/10

  • Servicio: Amable y atento, aunque un poco estresante.
  • Ambiente: Familiar
  • Tipo de comida: popular catalana.
  • Precio: Menú Calçotada (pan con tomate, calçots, alcachofas, carne, postre, bebida y café) entre 27 y 31 €

Opinión:

El restaurante Font de Les Planes, es un local grande y acogedor que ha crecido en paralelo al enorme merendero que ha dado fama a la zona. Es justamente por la gran afluencia de gente a los merenderos que el restaurante también se pone hasta la bandera durante los fines de semana. Apto también para grupos, el servicio se divide en dos turnos, que intenta absorber de la forma más organizada y rápida posible la gran afluencia de comensales de todo tipo y condición. Si va en grupo, conviene reservar con antelación. Si son menos de 4 no aceptan reservas, pudiendo tener que esperar un rato hasta tener mesa disponible.

La comida, con el sabor más auténtico de la cocina popular catalana, sin ser raciones pantagruélicas en el menú calçotada más barato (3 medias alcachofas y una docena de calçots, seguidos de unas judías con butifarra), está bien hecha y muy sabrosa, por lo que la relación calidad-precio es bastante correcta. No hay que preocuparse por mancharse con la salsa romesco en la que se untan los calçots, ya que se suministra el correspondiente babero, guantes de plástico y su toallita de limón para hacer de la calçotada una experiencia muy agradable y divertida. Eso si, le recomiendo quitarse los guantes para hacerse las típicas fotos con el móvil, más que nada porque la pantalla táctil no funciona con los guantes (a parte de dejarla hecha unos zorros, claro).

En el platillo negativo de la balanza tenemos que la gran afluencia de personal hace ir a los camareros auténticamente de cráneo para atender a todo el mundo correctamente. El servicio, correcto y atento, se consigue ampliamente, pero con el inconveniente de estar demasiado encima de los clientes transmitiendo con ello cierta presión y atosigamiento innecesario fruto del estrés de los camareros, situación que puede llegar a incomodar. Todo sea el decirlo, los defectos del servicio -en todo momento muy amable y simpático- no invalidan para nada la magnífica experiencia gastronómica del local.

En definitiva, un local muy recomendable para ir en familia o grupos de amigos, donde la diversión y la buena experiencia culinaria está más que asegurada. Asimismo, totalmente recomendable para los turistas extranjeros que visitan Barcelona y quieran disfrutar de un ambiente gastronómico auténticamente catalán a 15 minutos de la Plaza Catalunya.

Diversión y buena experiencia culinaria